Bésame en la mañana

¡No hablés con tu hija de su cuerpo!


25/01/16

“No hablés con tu hija sobre su cuerpo, salvo para enseñarle cómo funciona. No hablés con tu hija sobre su cuerpo. No le digás nada si ha perdido peso. No le digás nada si ha subido de peso. Si creés que el cuerpo de tu hija se ve genial, no lo digás.

He aquí algunas cosas que podés decirle en su lugar:

“¡Te ves muy saludable!”, es una muy buena opción.

¿O qué tal: “Te ves muy fuerte”? O: “Se nota que sos feliz : brillás”. Mejor aún: halagá algo en ella que no tenga nada que ver con su cuerpo.

Tampoco hagás comentarios sobre el cuerpo de otras mujeres. No. Ni uno solo; ni positivo ni negativo. Enseñále a ser amable con los otros, pero también a ser amable consigo misma.

No te atrevás a hablar sobre cuánto odias tu cuerpo frente a tu hija, o a hablar sobre tu nueva dieta. Mejor aún, no hagás dieta frente a tu hija. Comprá comida saludable. Prepará comidas saludables. Pero, no digás “por ahora no estoy comiendo carbohidratos”. Tu hija no debe de pensar que los carbohidratos son malos, porque sentir vergüenza por lo que comés solo se traduce en sentir vergüenza de vos misma.

Animá a tu hija a correr porque eso la hace sentirse menos estresada. Animála a subir montañas porque no hay ningún lugar mejor para explorar su espiritualidad que la cima del universo. Animála a surfear, a escalar paredes o a andar en bicicleta de montaña porque la atemoriza, y eso a veces es algo bueno.

Ayudá a tu hija a amar el fútbol, a remar o el hockey, porque los deportes hacen de ella una mejor líder y una mujer más segura de sí misma.

Explicále que no importa qué edad tenga, nunca dejará la necesidad de saber jugar bien en equipo. Nunca le hagás jugar o practicar un deporte que no adore por completo.

Demostrále que las mujeres no necesitan de un hombre para mover muebles. Enseñále a cocinar. Heredále la receta de tu mamá de ese pastel de café de Navidad. Heredále tu amor por pasar tiempo al aire libre.

Quizás vos y tu hija tengan muslos gruesos o una caja torácica ancha. Es fácil odiar estas partes del cuerpo tan lejos de la talla cero. No lo hagás. Decíle a tu hija que, si quiere, con sus piernas puede correr un maratón, y que su tórax no es otra cosa que un buen estuche para cargar unos pulmones fuertes. Puede gritar, puede cantar y puede levantar el mundo, si quiere.

*Recordále a tu hija que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es usarlo para mover su hermosa alma*

Texto de: María Montessori