Bésame de noche

“Algunas personas se ponen la soga al cuello por sí mismas”


08/11/18

Esta amiga me mandó un correo hace un tiempo atrás, me pareció muy bonito porque ella me escribe entre enojada y desesperada, describiendo una sensación de cansancio emocional que la ha llevado a sentirse frustrada, incluso a cuestionarse su proyecto de vida, pero me parece que ella tiene mucho que ver con lo que le está pasando.

Qué tal si le das una revisada: https://rafaelramoscr.com/desarrollo-personal/tras-divorcio-separacion-aprende-vivir-soledad-esperanza/.

Veamos la historia:

Hace 12 años estoy en una relación, tenemos tres hijos, ambos trabajamos fuera de la casa, yo siento que todo me toca a mí: llego a la casa, tengo que hacer la cena, en las mañanas es un corre-corre con los niños, los fines de semana hay que hacer siempre muchas cosas, siento que mi esposo no me ayuda como yo quiero, la verdad paso muy cansada. Él me ha dicho que por qué no le pedimos a alguien que nos ayude con las tareas en la casa, eso me da cólera porque siento que él no quiere hacer nada, que es muy fácil para el decir contratemos a alguien, pero él sabe que yo soy muy delicada con mis cosas, que difícilmente vamos a encontrar a alguien que haga las cosas como yo, con el amor y la dedicación. A mí me molesta que le pido a él que me ayude o que limpie, yo creo que hace las cosas rapidito como por salir del paso, entonces prefiero hacerlo todo yo, y de mis hijos ni se diga, prefiero que no me ayuden, porque son iguales a mi esposo, hacen todo rapidito y sin ganas.

Cuando leí esta carta me pareció muy bonita para compartirla en el blog. Lo primero que quisiera decir es ¿será realmente como ella lo dice? Sí es así, pues entonces esto es una pareja que se tiene que organizar a la mayor brevedad para que estos sentimientos de cansancio y agotamiento físico no se deriven en una frustración emocional mayor.

Pero me preocupó mucho cuando leí que ella se coloca en la posición de:

  • “Solo yo hago las cosas bien”.
  • “A mí no me gusta como nadie las hace”.
  • “Yo soy muy delicada, solo yo sé cómo me gustan las cosas”.
  • “Nadie hace las cosas bien”.

Desde estas estructuras de pensamiento es muy difícil poder ayudarle a alguien, porque resulta que el tema no es si se hacen o no las cosas, si se colabora o no, es que pareciera ser que esta amiga tiene un estándar de calidad personal que es inalcanzable, en el tanto es como ella dice, de la forma que ella dice. Esto tiende a crear una posición muy rígida.

Te invito a leer este otro artículo: https://rafaelramoscr.com/desarrollo-personal/senales-aferras-opinion-ajena-perdes-autenticidad/.

Con mucha frecuencia, en mi trabajo como psicólogo escucho consultas en este sentido, alguno de los miembros de la pareja se queja de la falta de colaboración y ayuda, pero en la interacción terapéutica, me doy cuenta de que la otra persona dice cosas como:

  • Yo sí colaboro, pero a ella no le gusta como yo hago las cosas.
  • Si no hago las cosas de inmediato, ella las asume, nunca puede esperar.
  • Mi pareja parece una supervisora del ministerio de salud y pareciera que siempre está haciendo una auditoría de lo que todos hacemos.
  • A veces cuando visto a los niños, me doy cuenta de que llega y los cambia.
  • Si preparo las meriendas, nunca está de acuerdo con lo que les pongo a los niños.
  • No le gusta cómo lavo la ropa, mucho menos cómo la tiendo o la doblo.

Creo que hay que revisar muy bien cuando decimos “nadie me ayuda”. Suele suceder en la vida de una familia que efectivamente las personas tienen anuencia a colaborar y a participar de todo el trabajo del hogar, pero la otra persona descalifica y minimiza los esfuerzos, invalida lo que el otro hace y, desde esta posición, las personas se sienten observadas, criticadas, evaluadas y supervisadas, lo que los lleva a asumir una posición de “no hago nada, no me importa, me da pereza, si ayudo siempre hay un conflicto, si no ayudo es igual”. Entonces, se van asumiendo actitudes pasivas porque es muy cansado en la vida de una pareja sentir que la otra persona quiere que todo sea a su ritmo, a su estilo y a su forma.

A esta amiga quiero decirle que revise muy bien. Si efectivamente no le ayudan, si a las personas que viven con usted, a su esposo, a sus hijos, no les importa colaborar, ¿se ha puesto a pensar que quizá sea usted la que asume todo? Esto causa mucha tensión y frustración en los demás.

Quizá, sea momento de soltar un poco el control, de revisar si todo lo que usted hace tiene que ser así. Hay que tener mucho cuidado con los “tengo que”, con los “debo de”, porque estos a veces nos atrapan en una serie de acciones rígidas, cargadas de tensión y de frustración.

Revise esto, analice muy bien estos procesos, quizá empezar a soltar el limpiar, acomodar, el ordenar, puede ayudarle a ver la vida de otra forma. Todo esto es importante, es una casa, pero también es importante descansar, reírse, hacer un juego de mesa, ver televisión, pasar tiempo con los hijos. No todo tiene que ser perfecto en el hogar, no todo tiene que tener un alto estándar de calidad, soltar puede ser una experiencia liberadora, que la puede poner frente al descanso, bajar el estrés, disminuir el enojo y permitirse más relajación.

  • Siéntese con su esposo y sus hijos a analizar si se puede hacer una nueva distribución de tareas.
  • Hable cuando a usted no le guste alguna cosa, pero no les haga sentir que no saben, que no pueden, porque esto desmotiva y no ayuda para que las personas puedan colaborar.

Espero que estas líneas te den una orientación. Te invito a dejarle un comentario a esta familia y espero que podás compartir esta información en tus redes sociales. Un fuerte abrazo.

Dr. Rafael Ramos.

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