Después de la ruptura, cuidado con el “tenemos que hablar”

Esta expresión tenemos que hablar, después de la ruptura. A veces tiene muy poco sentido. Nos sujeta a ciclos de complicación, que poco aportan a nuestro bienestar emocional.

¿Por qué sujetarnos a este proceso?

Podría ser negativo. En principio se ha tomado una decisión, la relación no da para más, llegó el final.

Cuando una ruptura es sana, quiere decir que todo ha quedado claro, y ha supuesto un análisis del por qué no se debe continuar.

Entonces, lo que procede es poner límites, obligarnos a avanzar. Tenemos que hablar, puede abrir una serie de ciclos de preguntas y respuestas, que no tienen sentido.

Pues muchas veces están asociadas al morbo, al orgullo, a apego, a la dependencia e incluso a la resistencia de aceptar el hecho de que ya no estamos juntos.

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Si las conversaciones, en este tenemos que hablar, van a girar una y otra vez sobre los factores que nos llevaron a la ruptura. Someterse a este proceso es desgastante ¡Ya tomaste una decisión!

Cuando la ruptura ha sido precipitada

¿Tiene sentido entrar en esto de tenemos que hablar?

Puede que si la ruptura está asociada a un evento, o una situación mal manejada, que nos llevó a tomar decisiones impulsivas, tenemos que hablar, podría ser válido, en el tanto:

  • No se gire sobre procesos de culpabilizaciones progresivas.
  • Se eviete caer en setructuras de manipulación, que nos hagan sentir mal.
  • Menos caer promesas sin sentido.
  • No sé de espacio a críticas negativas del uno hacia el otro u otra.
  • Nos alejemos de reclamos que nos terminan lastimando.
  • No haya reflexiones cargadas de emociones desordenadas, que no nos lleven a un punto concreto de solución.

Si la ruptura fue precipitada, tenemos que hablar podría ser válido, si ambas personas están dispuestas a hacer un análisis del por qué se llegó a la ruptura y cómo nos afectó la situación.

Quizá hasta se pueda intentar un sano regreso, pero si no es así, se esta perdiendo tiempo.

Pero el punto central es crear acciones remediales, para emprender un camino de cambios personales, que efectivamente nos permitan continuar y hacerlo bien.

De esta forma, tenemos que hablar, tiene un fin claro y un firme propósito para la reconstrucción de la relación.

De lo contrario, no tiene mucho sentido caer en este proceso de tenemos que hablar.

Ahora, si es para resolver, asumir, enfrentar e implementar soluciones, sin reclamos y sin posiciones emocionales caprichosas.

Claro qué es válido, en el tanto se gire en torno a un cambio y a una, o varias propuestas concretas para sanar lo vivido.

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¿Mi ex pareja insiste en que tenemos que hablar?

Llega un momento en el que lo importante no es lo que piense tu ex pareja, sino el análisis que vos hagás de la situación, si tenés datos objetivos, bien fundamentados, que justifiquen la ruptura. No podés tener dudas todo el tiempo.

La ruptura debe ser asumida como el inicio de un nuevo proyecto de vida. Por tanto, tenemos derecho a poner límites y decir que no a nuestra expareja.

Si la insistencia es demasiada, podemos bloquear la comunicación, es válido tomar distancia de personas que nos sujetan a procesos cada vez más complicados.

Frente a una ruptura, si se da una comunicación recurrente, improductiva, en el que este tenemos que hablar, es sólo hablar de mociones “te extraño” o se pasa haciendo reclamos sin propuestas.

Es mejor decir que no, y asumir la independencia emocional, como parte importante de una nueva etapa.

El amor inestable solo crea dudas.
¿Vas a aceptar esto en tu vida?

¡Me siento culpable si no accedo a este tenemos que hablar!

Es normal que haya contradicción, ambivalencia, sentimientos de ambigüedad, puesto que se terminó, lo cierto es que quizá hubo muchas situaciones que crearon una incompatibilidad, para sostener y mantener la relación.

Así que no le podemos dar espacio a la culpa, hay que darle espacio a una sana reflexión.

Pero esto no anula el afecto, claro está, no todo fue malo, no todo fue bueno, pero cuando hay circunstancias que justifican la ruptura. No podemos ceder ante la culpa, como una emoción rectora para tomar decisiones.

Ante la culpa, tenemos que revisar los hechos, la historia de la relación, el cómo actuó cada uno para empezar a liberarnos de esta emoción.

Tener claro el por qué los problemas no se resolvieron, si la relación fue una relación  inestable y había actitudes negativas, con esto podemos llegar a conclusiones realistas.

Frente a este análisis, podemos determinar si es válido o no hablar, pero la culpa nunca puede ser nuestro consejero o nuestra orientación para tomar una decisión.

¿Hasta dónde deben llegar los límites?

El principio fundamental es establecer una ruptura clara. Que nos permita dejar la relación en el pasado, para poder sanarnos en el presente, y proyectarnos al futuro con independencia.

Si en medio de la ruptura hay múltiples contactos, que nos mantienen a un ligamen emocional complicado, a encuentros sexuales esporádicos, a encuentros que terminan en reclamos y contradicciones.

!Cuidado! Cuando hay un contacto que crear dolor, tristeza y mayores complicaciones ¿Qué sentido tiene?

Ante todo, esto los límites son muy simples, se toma distancia social, se toma distancia en redes sociales, se toma distancia de todas aquellas situaciones que propicien encuentros, que nos van a causar dolor.

No para huir, simplemente es para consolidar la decisión que ya hemos tomado para poder avanzar.

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Pues si abrimos paso a la contradicción, vamos a crear un ciclo negativo, porque esto sería mantener y sostener una relación, sólo que ahora profundamente más disfuncional, en el tanto ya no se está juntos.

Si la otra persona insiste en seguir teniendo injerencia en nuestra vida, afectando nuestra libertad emocional, nuestra paz interior, nuestra capacidad tomar decisiones. Todos los límites son válidos.

Siempre y cuando estén asociados a construir nuestra paz interior, sostener y mantener una decisión que nos permita abrirnos a la vida desde una perspectiva más sana.

Dr. Rafael Ramos
www.rafaelramoscr.com
Oficina: 2290-1383
WhatsApp: 8881-1304

Pablo Aguilar Q.

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